Felipe Ciprián
El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) dejó ver la semana pasada un poco del humo de lo que sin duda será una confrontación aparentemente inevitable que vendrá después de las elecciones. Cualquiera que sea el resultado electoral, no será fácil recomponer la unidad de ese partido porque, salvo contadas excepciones, no dispone en estos momentos de un liderazgo que garantice el equilibrio para todas las corrientes que actúan en su interior.Miguel Vargas y los nuevos dirigentes que le acompañan en la conducción diaria del PRD desaprovecharon el naciente liderazgo que éste concitó luego de su buen desempeño como candidato presidencial en las elecciones de 2008. En lugar de forjar un liderazgo basado en la integración de todos los sectores internos y lanzar a ese partido a encabezar la oposición, hizo todo lo contrario: avasalló a sus adversarios internos y convirtió a esa organización en una especie de franquicia meramente electoral. No se pueden evaluar hipótesis, pero la situación del PRD pudo haber sido muy diferente si Vargas cede poder en áreas del partido, da espacio a todos sus adversarios y forja una verdadera unidad interna puesta a prueba con un ejercicio democrático en la conducción e impulsa una táctica opositora para ganar respaldo popular. Condiciones objetivas sobraron, pero prefirió controlar internamente antes que ser un líder opositor.En lugar de eso, aplastó a sus adversarios internos en el mismo momento que adoptó una línea flexible hacia el gobierno del PLD, que lo llevó a firmar un pacto para avanzar en la aprobación de la reforma constitucional y la Ley de Partidos Políticos. Con la nueva Constitución se rehabilitó Hipólito Mejía, lo que sirvió al presidente Leonel Fernández por partida doble: le creó a Vargas una oposición interna que no tenía, la selección de candidaturas quebró la unidad del PRD y por tanto no tendrá el mejor desempeño electoral. En cambio, Fernández colocó a sus hombres de confianza en candidaturas para buscar el control del Congreso, tiene “a todo el mundo controlado” en el PLD y podría volver –y muy probablemente volverá- sobre la Constitución para suprimir los “constreñimientos institucionales” que impiden que un presidente con gran popularidad –medida en encuestas- pueda continuar en el poder. Sin ley de partidos, con fraccionamiento de su liderazgo, sin ser una fuerza opositora, el PRD parece marchar hacia una emboscada electoral de donde le será muy difícil obtener una victoria y salir unido. Ojalá estar equivocado por el bien de la democracia. Vargas habla de que hay dirigentes que trabajan para que el PRD pierda. Ya siente lo que viene y no quiere aparecer como el responsable de la derrota.
Publicado originalmente por Felipe Ciprián en El Caribe/ Lunes 12 de abril de 2010.
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