La falta de lluvias durante meses al sur de la cordillera Central ha puesto en situación difícil la producción agrícola y la pecuaria, lo que debe ser aprovechado para analizar los demás factores que contribuyen a agrandar el círculo vicioso de pérdidas económicas de los agricultores pequeños y de deterioro del nivel de vida en el campo.
Aunque las estadísticas oficiales hablen de un crecimiento vertiginoso en la Agropecuaria en el último año y de unas perspectivas aun mejores, en la realidad, quien entra a las zonas de producción de granos y viandas, allí se encuentra un cuadro distinto.
En las provincias productoras del Sur es difícil encontrar una carretera rural en buen estado y en igual condición están los caminos por donde transitan las bestias que sacan la producción hasta donde las recogen los vehículos de carga. Eso es lo que puede explicar por qué una ama de casa tiene que pagar hasta tres pesos por una naranja agria en un mercado de San Cristóbal o de Baní, cuando a menos de 10 kilómetros montaña adentro esos frutos se pierden por su difícil acarreo.
Más aun, en zonas como las de San José de Ocoa, donde hay una agricultura que mezcla la producción en ambientes controlados (invernaderos) y la plantación extensiva, la falta de caminos es el principal factor de obstrucción de la comercialización. ¿Se imaginan ustedes lo que pasa un agricultor que compra fertilizantes e insecticidas caros y cumple todo un ciclo productivo y cuando obtiene una buena cosecha dos lluvias acaban de dañar el camino y no puede sacar su mercancía? De ahí a convertir un agricultor en un “motoconchista” o en un vendedor de loterías instantáneas en las calles de la ciudad, no hay mucha distancia. No es posible que tierras donde se producen millones de unidades de aguacate de excelente calidad, café, cítricos, hortalizas y viandas, languidezcan por falta de un camino en buen estado.
Publicado en El Caribe, 5 de marzo de 2010.
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