
Felipe Ciprián
Dos hechos de incuestionable trascendencia, registrados en Santiago en los últimos dos meses, martillan la conciencia nacional y desatan un impulso de esperanza en un país que ha vivido de desilusión en frustración durante muchos años.
Mucho del poder económico del Estado se volcó hacia Santiago en las pasadas elecciones para cerrar el paso a Gilberto Serulle, un caballero decente, profesional competente, persona solidaria y desprendida que no aceptó la humillación que pretendió hacerle el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en el que militaba y representaba en el Congreso Nacional.
Si en beneficio del PLD hay que decir que casi la totalidad de sus dirigentes en el Comité Político y en Santiago se negó a respaldar la candidatura a la reelección del síndico reformista José Enrique Sued, después que el presidente Leonel Fernández -el que nombra en cargos públicos- se decidió a imponerlo, los ex seguidores de las ideas de liberación nacional cambiaron sus opiniones, pero finalmente cayeron vencidos el pasado 16 de mayo frente al torrente popular que respaldó a Serulle.
No hay que conocer personalmente a Serulle, como es mi caso, para reconocerle que ha despertado desde Santiago una esperanza para todo el país. Su honor y su valor para enfrentar el poder avasallante del Estado volcado como lobo tras esa importante plaza, se estrelló estrepitosamente contra la denuncia valiente, sostenida e indeclinable de este médico que logró derrotar al propio presidente Fernández en un duelo que se inició con la separación “deshonrosa” de Gilberto Serulle de las filas del PLD.
Esa separación lo que me provocó fue risa cuando el resultado electoral demostró que Serulle estaba más unido que nunca al voto peledeístas en Santiago y ni siquiera las maniobras con todos los recursos del Estado y de un cabildo poderoso que aparentemente no es un modelo de transparencia en el uso de los bienes municipales, lograron vencer el empuje popular de este dirigente político. Solo hay que ver que el pataleo gobiernista por despojarlo de su triunfo no pudo prosperar ni siquiera con la buena disposición que mostró la venerable Junta Central Electoral en otros casos. Era claro que a Serulle había que despojarlo de su triunfo luchando en las calles de Santiago.
La proeza de Serulle, postulado en la boleta de un partido que como el PRD no podía hacer las cosas más mal en esa plaza electoral hasta el último momento, es una señal de esperanza para un país que como República Dominicana ha sido tantas veces decepcionado por los dirigentes políticos, principalmente por los del PRD y del PLD que en su momento fueron “fuerzas progresistas”, pero que a su paso por el poder, con las excepciones que confirman las reglas, se volvieron fieras conservadoras y megacorruptos insaciables.
Valiente actuación de la procuradora
Durante la última semana de julio de 2010, otra señal de esperanza se proyectó desde Santiago con la valiente actuación de la procuradora fiscal Yeni Berenice Reynoso, en primer término, y luego la juez de la Instrucción Águeda Del Carmen García, quien dictó ocho meses de prisión preventiva y declaró “complejo” el caso judicial que implica –inicialmente- a los señores Miguel Lazala Cabrera, Adalberto Rosa Rosario y Herald Estévez Peña, todos acusados de cometer un fraude millonario en perjuicio del Estado, con la gravedad de facilitar el contrabando de armas de guerra y divisas, amparados en su poder de ser empleados de Aduanas e hijos de altos dirigentes del gobernante PLD.
La magistrada Reynoso, que está en el cargo por concurso, no nombrada por un favoritismo político, acaba de demostrar que hay esperanza de justicia para quienes en este país creen que algún día se podrá vencer la impunidad de los poderosos y que quienes de ellos incurran en crímenes, puedan compartir las condenas que ahora solo afectan a los infelices que no tienen dinero ni prensa para escandalizar a su favor y burlarse de la justicia y de la sociedad.
¡Cuánta falta hacen en este país fiscales y juezas como esas dos damas para acabar el otorgamiento de obras estatales de grado a grado en beneficio de los allegados políticos o de los socios del “sector privado”!
¡Cuánta falta hacen magistradas como esas para enjuiciar a quienes enajenan los bienes públicos para compartir con oportunistas y mafiosos el sudor que durante casi cien años derramaron hombres y mujeres del pueblo para crearlo y aquellos se lo apropian de un plumazo!
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