Felipe Ciprián
Por considerar que es un asunto de honestidad indeclinable, no me canso de repetir lo que considero una verdad: es imposible sustituir los combustibles fósiles y seguir el esquema de producción y consumo de bienes y servicios con la voracidad con que se hace actualmente.
No importa que quienes menos creen en la posibilidad de que esa sustitución sea posible (Estados Unidos) sigan con el cuento de estimular a países pobres, como República Dominicana, para que trabajen en esa quimera.
El problema no es dictar conferencias y hablar de energías renovables como hace Barack Obama para entretener a bobos, sino fijarse bien adonde envía sus portaviones nucleares, sus acorazados, sus soldados y su diplomacia del cañón.
Porque Obama sabe perfectamente que el aparato productivo norteamericano y su vinculación comercial con el resto del mundo no se puede sostener con energía eólica, hidroeléctrica, derivados de maíz o de caña, ni siquiera con energía termonuclear, es que no duda en pelear por petróleo como lo hacía George Bush.
Cuando el poder militar norteamericano se lanzó con toda su capacidad destructiva sobre Afganistán el 7 de octubre de 2001 y sobre Iraq el 20 de marzo de 2003, la agenda guerrerista incluía batir fácilmente esos blancos, atacar a Irán y Siria, controlar totalmente a Arabia Saudí (todas potencias petroleras) y golpear, más al este, a Corea del Norte.
El objetivo político, económico y militar era uno: controlar las más grandes reservas de petróleo del mundo y sus rutas de transporte, bajo la propaganda de combatir el “terrorismo” y liquidar el “Eje del mal”.
El entonces presidente Bush dijo sin sonrojo que había llegado la era de los ataques preventivos, lo que significa golpear pérfidamente, sin declarar la guerra, para asesinar a cualquier dirigente enemigo o estadista. Es decir, terrorismo de Estado para combatir el terrorismo de fuerzas irregulares.
Mientras las academias, las personas preocupadas por la defensa del medio ambiente y otros clamaban por buscar alternativas al consumo y al derroche masivo de combustibles fósiles en países industrializados -con su consiguiente efecto dañino al ambiente- el poder económico de Estados Unidos estaba desplegando tropas para garantizarse su abastecimiento de petróleo y gas natural ante el hecho evidente de que esos combustibles son la garantía del funcionamiento del sistema consumista y quien los tenga podrá garantizar sobrevivir a la catástrofe que amenaza a la humanidad, ante su inminente agotamiento.
Las guerras de Bush agotaron sus ocho años de presidencia sin un desenlace. Obama prometió terminarlas, pero lo que hace es enviar más tropas, pues está consciente de que si no pelea a muerte por el petróleo, ¿por qué va a pelear?
No hay tropas de Estados Unidos desplegadas en el mundo fuera de la periferia de los campos de petróleo o de sus rutas de traslado. No están amenazando a Irán para ir a cuidar campos de caña o de higuereta para fabricar combustibles “blancos” o lubricantes, es tratando de conquistar el control del petróleo.
Porque está convencido de que es el petróleo el que mueve el sistema de vida norteamericano y no hay al día de hoy un sustituto viable, el inteligente y liberal Obama despliega tropas en el Caribe y Suramérica, con acceso libre a al menos siete bases militares en Colombia, para estar a tiro de pistola de la gran riqueza petrolífera y de gas natural de Venezuela y Bolivia.
El carbón vegetal, la madera, la hidráulica, el viento y la energía solar son fuentes más viejas que el uso del carbón mineral (una forma de petróleo sólido), el petróleo y el gas natural. Ninguna de ellas, en su momento de mayor esplendor, pudo servir para provocar el desarrollo productivo y la velocidad con que se mueve el mundo de hoy gracias, principalmente, al petróleo.
Peor aun, ya no queda petróleo suficiente para costear la sustitución del estilo de vida actual. Piénsese solamente en lo que significa sustituir todo el sistema de transporte (Barcos, vehículos de motor, aviones).
¿Dónde está el petróleo para construir todas esas fábricas que luego van a sustituir el petróleo? ¿O esas fábricas las van a levantar con yerba de guinea o semillas de higuereta?
¿Piensa Estados Unidos impulsar sus cohetes intercontinentales con energía producida a partir de las matas de piñón que están sembrando en la Línea Noroeste de República Dominicana?
La bobería más grande que se puede repetir es hablar de que se pueden sustituir los combustibles fósiles y seguir el estilo de producción y de vida actual.
Si los dirigentes del mundo asumieran su responsabilidad, hicieran lo único que se puede hacer para retrasar la catástrofe que viene para la humanidad con el agotamiento sostenido de los combustibles fósiles: ahorrar petróleo, gas natural y carbón mineral, disminuyendo el consumismo, el derroche y el individualismo. Todo lo demás es teoría que no resiste una reflexión honesta.
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