Felipe Ciprián
El reciente cierre del semanario gratuito Clave y de Clave Digital, da las señales de los momentos estelares de un proceso de eliminación de la prensa independiente que para mí tuvo su punto de inicio cuando el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986) se dispuso a provocar el colapso del periódico El Caribe, que dirigía su propietario, Germán Emilio Ornes.
Cuando Ornes y El Caribe ejercían el liderazgo de la prensa independiente en el país en los años setenta, en pleno gobierno de Joaquín Balaguer, su línea informativa y editorial era lo suficientemente firme como para condenar con todo vigor cualquier atropello al ejercicio de la libertad de prensa como de los derechos ciudadanos.
Naturalmente, Ornes conocía de los vínculos o cercanía política de izquierda de muchos periodistas y ejecutivos de medios de comunicación, pero como no era bruto, sabía perfectamente que si no defendía los derechos de esos periodistas –aunque no tuviera afinidad política con ellos- luego no podría defenderse él mismo de los atropellos que con toda seguridad vendrían cuando, disminuidos los “progresistas” en la prensa, fuera él quien casi solo estimulara con todo vigor el poder de la opinión pública en los temas verdaderamente importantes del país.
Jorge Blanco, que condujo uno de los gobiernos más corruptos que recuerde la historia dominicana, contó con el respaldo de empresarios y con la complicidad –en unos casos en forma ingenua y en otros oportunista- de los llamados periodistas progresistas para impulsar el proceso de concentrar los medios en manos de negociantes, principalmente banqueros, que terminaron asociados al poder y doblegaron la prensa a unos niveles que ahora no puede defenderse a sí misma y mucho menos representa un disuasivo para que cualquier ofendido se disponga a asesinar a un director.
En ese proceso fue que el país conoció las “preocupaciones y desvelos” de personas –por citar a sólo dos- como Leonel Almonte Vásquez (condenado a 15 años de cárcel por estafa) y José Ureña Almonte (diplomático en Japón), quienes se erigieron como “magnates” de la prensa y de la banca. Los medios de esos dos banqueros, que terminaron en el total fracaso al igual que sus bancos, eran dirigidos por periodistas progresistas que nunca escribieron una palabra para defender a El Caribe cuando el gobierno lo asfixiaba.
Los efectos de la presión del gobierno sobre los empresarios para que no colocaran publicidad en El Caribe obligaron a Ornes a vender –en muy buenas condiciones para el comprador- la televisora Teleantillas, paso que dio como forma de evitar el colapso del periódico impreso y mantener, a puro pulso, una línea editorial e informativa firme, independiente y sobre todo valiente.
La situación evolucionó hacia una concentración de los medios principalmente en manos de banqueros y empresarios del comercio importador que vieron la oportunidad de apuntalar sus negocios con el gobierno y sectores tradicionales de la agroindustria, mientras sus publicaciones daban cabida a todo tipo de banalidad en menosprecio del periodismo cultural y documental.
Como excepciones para confirmar la regla surgieron dos medios del interior de esos mismos sectores, que representaron en su momento un ejercicio más objetivo del periodismo: la revista Rumbo, del grupo que actualmente publica el Diario Libre; y Clave Digital, surgido originalmente del esfuerzo de un grupo de periodistas víctimas de las peores prácticas de censura –liderados por Fausto Rosario-, pero que un tiempo después fue adquirido por el grupo Media Team.
La revista Rumbo, que hizo buen periodismo, tuvo que dejar de circular. Los periódicos Clave y Clave Digital, acaban de cerrar sus ediciones solo una semana después de que publicaran una información en base al interrogatorio que le practicó la Fiscalía del Distrito Nacional a la que fuera novia del hijo del español Arturo del Tiempo en la que se reveló que el enjuiciado por narcotráfico ahora preso en España mantenía firmes vínculos de amistad con el actual jefe de la Policía, general Rafael Guillermo Guzmán Fermín.
Quienes durante tantos años han luchado por destruir a la prensa independiente, esfuerzo que comenzó con el golpeo a El Caribe de Ornes sin que nadie pensara que detrás de él venían los otros, ahora ven –junto a nosotros- surgir un panorama muy incierto.
Ahora tenemos una prensa casi uniforme que no tiene fuerza moral para resistir el disgusto que puede producir la publicación de una información revestida de la más absoluta fe pública, como es un interrogatorio realizado por la Fiscalía del Distrito Nacional.
El cuadro actual no puede ser más dramático: ante la publicación de una información en el semanario Clave, no desmentida por la Fiscalía, el grupo empresarial Media Team reacciona cerrando dos periódicos y el día que lo anuncia asesinan a una persona en un aparente magnicidio dirigido al director de esas publicaciones.
¿A cuál medio con credibilidad pueden acudir los ricos de este país el día que necesiten una defensa eficaz ante un atropello o un chantaje que no estén dispuestos a dejar pasar?
Los nuevos magnates de la prensa no se escandalizan porque saben que esos medios sólo sirven para hacer negocios y no para defender la libertad y los derechos ciudadanos.
¿También están esos magnates dispuestos a renunciar a sus derechos y a la libertad?
Ese dilema tendrán ellos que planteárselo más temprano que tarde, porque se olvidaron que quienes golpean la libertad comienzan por sus enemigos inmediatos, pero terminan con los que, sin creer en ella, la esgrimen a conveniencia.
Cuando Ornes y El Caribe ejercían el liderazgo de la prensa independiente en el país en los años setenta, en pleno gobierno de Joaquín Balaguer, su línea informativa y editorial era lo suficientemente firme como para condenar con todo vigor cualquier atropello al ejercicio de la libertad de prensa como de los derechos ciudadanos.
Naturalmente, Ornes conocía de los vínculos o cercanía política de izquierda de muchos periodistas y ejecutivos de medios de comunicación, pero como no era bruto, sabía perfectamente que si no defendía los derechos de esos periodistas –aunque no tuviera afinidad política con ellos- luego no podría defenderse él mismo de los atropellos que con toda seguridad vendrían cuando, disminuidos los “progresistas” en la prensa, fuera él quien casi solo estimulara con todo vigor el poder de la opinión pública en los temas verdaderamente importantes del país.
Jorge Blanco, que condujo uno de los gobiernos más corruptos que recuerde la historia dominicana, contó con el respaldo de empresarios y con la complicidad –en unos casos en forma ingenua y en otros oportunista- de los llamados periodistas progresistas para impulsar el proceso de concentrar los medios en manos de negociantes, principalmente banqueros, que terminaron asociados al poder y doblegaron la prensa a unos niveles que ahora no puede defenderse a sí misma y mucho menos representa un disuasivo para que cualquier ofendido se disponga a asesinar a un director.
En ese proceso fue que el país conoció las “preocupaciones y desvelos” de personas –por citar a sólo dos- como Leonel Almonte Vásquez (condenado a 15 años de cárcel por estafa) y José Ureña Almonte (diplomático en Japón), quienes se erigieron como “magnates” de la prensa y de la banca. Los medios de esos dos banqueros, que terminaron en el total fracaso al igual que sus bancos, eran dirigidos por periodistas progresistas que nunca escribieron una palabra para defender a El Caribe cuando el gobierno lo asfixiaba.
Los efectos de la presión del gobierno sobre los empresarios para que no colocaran publicidad en El Caribe obligaron a Ornes a vender –en muy buenas condiciones para el comprador- la televisora Teleantillas, paso que dio como forma de evitar el colapso del periódico impreso y mantener, a puro pulso, una línea editorial e informativa firme, independiente y sobre todo valiente.
La situación evolucionó hacia una concentración de los medios principalmente en manos de banqueros y empresarios del comercio importador que vieron la oportunidad de apuntalar sus negocios con el gobierno y sectores tradicionales de la agroindustria, mientras sus publicaciones daban cabida a todo tipo de banalidad en menosprecio del periodismo cultural y documental.
Como excepciones para confirmar la regla surgieron dos medios del interior de esos mismos sectores, que representaron en su momento un ejercicio más objetivo del periodismo: la revista Rumbo, del grupo que actualmente publica el Diario Libre; y Clave Digital, surgido originalmente del esfuerzo de un grupo de periodistas víctimas de las peores prácticas de censura –liderados por Fausto Rosario-, pero que un tiempo después fue adquirido por el grupo Media Team.
La revista Rumbo, que hizo buen periodismo, tuvo que dejar de circular. Los periódicos Clave y Clave Digital, acaban de cerrar sus ediciones solo una semana después de que publicaran una información en base al interrogatorio que le practicó la Fiscalía del Distrito Nacional a la que fuera novia del hijo del español Arturo del Tiempo en la que se reveló que el enjuiciado por narcotráfico ahora preso en España mantenía firmes vínculos de amistad con el actual jefe de la Policía, general Rafael Guillermo Guzmán Fermín.
Quienes durante tantos años han luchado por destruir a la prensa independiente, esfuerzo que comenzó con el golpeo a El Caribe de Ornes sin que nadie pensara que detrás de él venían los otros, ahora ven –junto a nosotros- surgir un panorama muy incierto.
Ahora tenemos una prensa casi uniforme que no tiene fuerza moral para resistir el disgusto que puede producir la publicación de una información revestida de la más absoluta fe pública, como es un interrogatorio realizado por la Fiscalía del Distrito Nacional.
El cuadro actual no puede ser más dramático: ante la publicación de una información en el semanario Clave, no desmentida por la Fiscalía, el grupo empresarial Media Team reacciona cerrando dos periódicos y el día que lo anuncia asesinan a una persona en un aparente magnicidio dirigido al director de esas publicaciones.
¿A cuál medio con credibilidad pueden acudir los ricos de este país el día que necesiten una defensa eficaz ante un atropello o un chantaje que no estén dispuestos a dejar pasar?
Los nuevos magnates de la prensa no se escandalizan porque saben que esos medios sólo sirven para hacer negocios y no para defender la libertad y los derechos ciudadanos.
¿También están esos magnates dispuestos a renunciar a sus derechos y a la libertad?
Ese dilema tendrán ellos que planteárselo más temprano que tarde, porque se olvidaron que quienes golpean la libertad comienzan por sus enemigos inmediatos, pero terminan con los que, sin creer en ella, la esgrimen a conveniencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario